´Frederic Bastiat – «La Ley» y otros ensayos

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Frédéric Bastiat (1801-1850)

Claude Frédéric Bastiat  (Bayona, 30 de junio de 1801 – Roma , 24 de diciembre de 1850). Economista, escrito y parlamentario francés. Miembro de la escuela liberal francesa y uno de los grandes teóricos de las ideas del liberalismo.

El texto referenciado, y del que aquí se reproduce una parte, contiene los ensayos «La Ley», «Petición de los fabricantes de velas», «Un ferrocarril negativo», «Lo que se ve y lo que no se ve», «El Estado» y » El recaudador».


Por qué Bastiat es mi héroe
Prólogo de Robert Mc Teer (presidente del Banco de la Reserva Federal de Dallas)

“El Estado es la gran ficción por la que cada uno busca vivir a expensas de los otros”
—Frédéric Bastiat (1801-1850)

Claude Frédéric Bastiat nació en Bayona, al sur de Francia, hace doscientos años. La producción de Bastiat fue prodigiosa, especialmente en los últimos cinco años de su vida. A través de sus escritos y charlas, y como miembro de la Cámara Francesa de Diputados,
Bastiat luchó valientemente contra el proteccionismo y el socialismo de su tiempo. Hizo proselitismo en pro del libre comercio, de los libres mercados y de la libertad individual. Sus armas fueron el ingenio y la sátira, su método la reductio ad absurdum. Más que cualquier otra
persona antes o después, expuso las falacias económicas con una claridad, simplicidad y humor que dejaba a sus oponentes sin lugar para esconderse.

El más famoso ejemplo de la sátira de Bastiat fue su petición al Parlamento francés en nombre de los fabricantes de candelas e industrias relacionadas. Estaba buscando aliviarlos de “la ruinosa competencia de un rival extranjero que trabaja bajo condiciones tan superiores al nuestro en la producción de luz que está inundando el mercado doméstico a un precio increíblemente bajo”. El rival extranjero era el sol. El alivio buscado era una ley que exigiera el cierre de todas las persianas negando la entrada de la luz solar y estimular la industria doméstica de candelas.

A pesar de la publicación de La Riqueza de las Naciones de Adam Smith décadas atrás, Bastiat estaba luchando todavía contra la visión mercantilista de que las exportaciones son buenas y las importaciones malas. Señalaba que, según esa visión, la situación ideal para un barco cargado con exportaciones sería hundirse en el mar. Una nación obtiene los beneficios al exportar y ninguna nación tiene que soportar la carga de importar.

Bastiat vio en una ocasión un editorial que proponía un alto en Burdeos para el ferrocarril de París a España a fin de estimular los negocios locales. Se maravilló: ¿Por qué solo Burdeos? ¿Por qué no tener una parada en cada pueblo a lo largo de la vía – una interminable serie de paradas – de modo que la prosperidad pudiera ser disfrutada por todos? Se le podría llamar “ferrocarril negativo”.
El señalamiento es verdad incluso hoy en día. El comercio entre EE.UU. y México ha tenido auge desde la aceptación del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte y con ello el tráfico de camiones a través del Río Grande. Afortunadamente, tenemos puentes para facilitar el cruce. Pero mientras que los puentes fueron hechos para cruzar, los cientos de depósitos cercanos no lo fueron. Fueron hechos para almacenar, es decir, para no cruzar. ¡O al menos no para cruzar sin parar primero! Los almacenes funcionan como leyes hechas para mantener “los camiones estadounidenses lejos de los mejicanos” y “los camiones mejicanos lejos de los estadounidenses”. El modo en que esto trabaja es que los camiones que se dirigen hacia México deben descargar su cargamento en los almacenes fronterizos. El cargamento posteriormente es cargado de nuevo en camiones para cruzar el puente; entonces lo descargan de modo que todavía pueda ser recargado en otro transporte que lleva el cargamento al interior de México.
Los camiones que transportan a lo largo del puente, por supuesto, que no regresan cargados. Regresan vacíos en ambas direcciones, duplicando el número de cruces. Por supuesto, todas estas actividades crean trabajos y prosperidad local. Ustedes han oído en algún lugar de “ferrocarriles negativos”. Bien, en el cruce Tex-Mex, nos hemos dado algunos “puentes negativos”.

Luego está la falacia de la ventana quebrada de Bastiat. Parece que alguien quebró una ventana. Esto es desafortunado, pero hay un revestimiento de plata. El dinero gastado en reparar la ventana proporcionará un nuevo negocio al reparador. Él, a su vez, gastará su ingreso superior y generará más negocios para otros. La ventana quebrada podría generar al final un auge.
Espere un minuto, advertía Bastiat. Eso está basado solo en lo que se ve. Usted debe también considerar lo que no se ve – lo que no sucede. Lo que no se ve es cómo el dinero podría haber sido gastado si la ventana no hubiera sido quebrada. La ventana quebrada no incrementa el gasto, lo desvía.
¿Obvio? Seguro, pero nosotros caemos en una versión de la falacia de la ventana quebrada cada vez que evaluamos el impacto de un programa gubernamental sin considerar lo que los contribuyentes hubieran hecho con el dinero, en cambio. Alguna gente incluso juzga la política monetaria por lo que sucede, sin considerar lo que podría haber sucedido.
La mayoría de los mitos económicos dan paso a la distinción de Bastiat entre lo que se ve y lo que no se ve. Conceptos relacionados incluyen medias verdades y verdades completas, consecuencias buscadas y no buscadas, corto plazo y largo plazo y efectos parciales y totales. Henry Hazlitt amplió estos temas en su libro maravilloso “Economía en Una Lección”. Si Usted no tiene tiempo para leer las obras recopiladas de Bastiat, pruebe el libro de Hazlitt.

Bastiat llamó la atención sobre los absurdos que vienen de favorecer a los productores sobre los consumidores y a los vendedores sobre los compradores. Los productores se benefician de la escasez y los precios altos, mientras que los consumidores se benefician de la abundancia y los precios bajos. Las políticas del gobierno que favorecen a los productores, por tanto, tienden a favorecer la escasez sobre la abundancia. Ellos encogen el pastel.

Bastiat acentuó eso porque tenemos recursos limitados y deseos ilimitados, es disparatado inventar ineficiencias solo para crear empleo. El progreso viene de reducir el trabajo necesario para producir, no al incrementarlo. Todavía no pasa un día sin que escuchemos algunas propuestas para “crear trabajo”, como si no hubiera trabajo que hacer de otro modo. Si es trabajo lo que queremos, solo reemplacemos las niveladoras con palas. Si queremos incluso más trabajo, remplacemos palas con cucharas. Bastiat sugirió que trabajáramos solo con nuestra mano izquierda.

Baso mi admiración por Bastiat en su brillantez como un periodista económico o panfletista. En cuanto a cualquier defecto percibido como teórico económico, me pregunto cuántos teóricos le han hecho bien al mundo trabajando en las fronteras de la pura teoría. Adam Smith nos enseñó las ventajas del comercio. David Ricardo refinó la ventaja absoluta de Smith en una ventaja comparativa aplicable más universalmente. Pero le apuesto que puede contar tales contribuciones seminales con los dedos.

Al menos es tan valioso, como hecho práctico, la habilidad de enseñar las lecciones de buena economía a la gente real y a sus representantes políticos, haciendo que la sana economía sea interesante, legible y comprensible, y usándola para derribar mitos peligrosos y sin sentido con ingenio, sabiduría y buen humor. Alguien debe enseñar buena economía en el lenguaje del hombre común y hacer el mundo más seguro para políticas económicas sanas.

La habilidad para movilizar la frontera de la economía más cerca de la gente y a la gente más cerca de la frontera no debería ser subestimada ni infravalorada.

Cuando me movilicé de la Costa Este a Texas hace diez años, aprendí un dicho tejano: “No importa quién diga qué; si no tiene sentido, no lo crea”. De corazón he tomado este consejo. Desde entonces he intentado traducir el sentido económico – que a menudo no es sentido común – en sentido común. Como resultado, mis colegas piensan que tengo un buen dominio de lo obvio. Pero a veces debemos recordarnos de lo obvio.
Cosas obvias como:
La abundancia es mejor que la escasez.
Más es mejor que menos – si es de algo bueno.
Trabajamos para vivir antes que vivir para trabajar.
Producimos para consumir, no consumimos para producir.
Exportamos para importar, no importamos para exportar.
Deberíamos vencer obstáculos e ineficiencias para crear riqueza y prosperidad, no crear obstáculos e ineficiencias para generar trabajo.
No debemos romper ventanas –eso es una cosa mala, no buena.

Entre las muchas razones para admirar a Bastiat y querer emularlo está su sentido del humor. Todos disfrutan un buen sentido del humor si el chiste no está dirigido contra ellos. Pero la sátira de Bastiat trasciende los chistes. Está dirigida a las malas ideas, no a la gente mala. No tenía un espíritu mezquino – una lección que nuestros compañeros viajeros notarán. Como decimos en Texas, él podía pisar los pies de uno sin ensuciarles el lustre.

Me deleita cuán fresco y contemporáneo suenan los escritos de Bastiat después de 150 años y en un idioma diferente.

Los chicos buenos ganaron finalmente el debate del NAFTA. Al decir esto, me permito recordarle que NAFTA no es una unión aduanera.
Reduce las barreras al comercio entre sus miembros sin incrementar las barreras contra los no miembros. El NAFTA ha sido grandemente exitoso en incrementar el volumen de comercio, especialmente entre los E.U.A. y México, tomando ventaja de la ventaja comparativa. Sin embargo, sus viejos oponentes todavía son oponentes – que confían en regulaciones y barreras al comercio más que en la libertad, el interés propio y la competencia.

Por supuesto, la confusión está compuesta por el gran y creciente déficit de los E.U.A. Los déficits tienen signo menos, reflejando un exceso de importaciones negativas sobre exportaciones positivas.
A pesar de que la partida doble en contabilidad garantiza el balance general, alguien siempre insiste en dibujar la línea en el medio y enfocarse en la mitad con los desequilibrios con signo negativo. Después de dibujar una línea a través de la balanza de pagos, después quieren dibujar una línea en la arena.

Mi solución es dejar de mantener estadísticas del comercio exterior. No mantenemos registros del comercio interestatal entre Texas y California, así que no conocemos qué estado tiene el déficit y cuál tiene el superávit. Y no nos preocupa. Pero si mantenemos la estadística, podríamos saberlo y el estado deficitario podría hacer algo tonto para corregir el “problema”.

Más que la mayoría de los otros en el planeta, cuando se trata de la libertad individual y la libertad, Claude Frédéric Bastiat tenía las palabras y también la música para ellas.

La Ley

¡La ley pervertida! ¡Y los poderes del estado para guardar el orden pervertidos junto con ella!¡La ley, digo yo, no sólo ha cambiado de rumbo desviándose de su propósito correcto, sino que además ha tomado un rumbo enteramente contrario a su propósito! ¡La ley se convierte en el arma de todo tipo de avaricia! ¡En vez de controlar el crimen, la ley misma es culpable de cometer las maldades que se supone que ella castigue!

Si esto es cierto, es un hecho grave, y la obligación moral me requiere que le llame la atención a mis conciudadanos sobre esto.

Gozamos el obsequio de Dios que incluye a todos los demás. Este obsequio es la vida—la vida física, intelectual y moral.

Pero la vida no se puede mantener por sí sola. El Creador de la vida nos ha entregado la responsabilidad de preservarla, desarrollarla, y perfeccionarla. Para que podamos lograr esto, Él nos ha otorgado muchas facultades maravillosas. Él nos ha puesto en medio de una variedad de recursos naturales. Al aplicar nuestras facultades a estos recursos naturales, los convertimos en productos, y los usamos. Este proceso es necesario para que la vida pueda desarrollar su curso designado.

La vida, las facultades, la producción—en otras palabras, la individualidad, la libertad, la propiedad—esto es el hombre. Y a pesar de la astucia de los líderes políticos diestros, estos tres obsequios de Dios preceden toda la legislación humana, y son superiores a ella.

La vida, la libertad, y la propiedad no existen porque los hombres hayan hecho leyes. De lo contrario, el hecho que la vida, la libertad, y la propiedad existían antes, es lo que causó que los hombres hicieran leyes en primer lugar.

Entonces, ¿Qué es la ley? Es el derecho individual organizado colectivamente para defenderse legalmente.

Cada uno de nosotros tiene un derecho natural—concedido por Dios—a defender su persona, su libertad, y su propiedad. Estos son los tres requisitos básicos de la vida, y la preservación de cada uno de ellos depende completamente de la preservación de los otros dos.
Porque ¿Qué son nuestras facultades sino la extensión de nuestra individualidad? Y ¿Qué es la propiedad sino una extensión de nuestras facultades?

Si cada persona tiene el derecho a defender—aunque sea a la fuerza—su persona, su libertad, y su propiedad, entonces se deduce que un grupo de hombres tienen el derecho a organizarse y apoyar una fuerza común para proteger estos derechos constantemente. De modo que el principio del derecho colectivo— su razón por existir, su legalidad—se basa en el derecho individual. Y la fuerza común que protege este derecho colectivo no puede lógicamente tener ningún otro propósito ni ninguna otra misión que aquella que sustituye. De modo que, como un individuo no puede legalmente usar fuerza contra la persona, la libertad, ni la propiedad de otro individuo, entonces la fuerza común—por la misma razón—no puede legalmente usarse para destruir la persona, la libertad, ni la propiedad de los individuos ni de los grupos.

Tal perversión de fuerza sería, en ambos casos, contraria a nuestra premisa. Se nos ha dado la fuerza para defender nuestros propios derechos individuales. ¿Quién se atrevería a decir que nos han dado la fuerza para destruir los derechos iguales de nuestros hermanos? Como ningún individuo actuando por sí solo puede usar fuerza legalmente para destruir los derechos de los demás, ¿no es lógico deducir que el mismo principio también se aplica a la fuerza común que es solamente la organización de las fuerzas individuales combinadas?

Si esto es cierto, entonces nada puede ser más evidente que esto: La ley es la organización del derecho natural a la defenderse legalmente. Es la sustitución de fuerzas individuales por una fuerza común. Y esta fuerza común es para hacer solamente lo que las fuerzas individuales tienen un derecho natural y legal para hacer: proteger las personas, las libertades, y las propiedades; mantener el derecho de cada una, y causar que la justicia reine sobre nosotros.

Si una nación se fundara bajo este fundamento, me parece que el orden prevalecería entre la gente, en intención tanto como en hechos. Me parece que tal nación tendría el gobierno más sencillo, fácil de aceptar, económico, limitado, no opresivo, justo y perdurable que se pueda imaginar—cualquiera que fuera su forma política.

Bajo tal administración, todos entenderían que ellos mismos poseen todos los privilegios tan bien como todas las responsabilidades de su existencia. Nadie tendría desacuerdos con el gobierno, con tal que se respetara su persona, su trabajo fuera libre, y los frutos de su labor fueran protegidos contra todo ataque injusto. Si tuvieran éxito, no tendrían que darle las gracias al estado por su éxito. Y al contrario, si fracasaran, no pensarían en culpar al estado por su calamidad tal como los campesinos no culpan al estado por el granizo o la escarcha.

Además se puede decir que, gracias a la falta de intervención del estado en los asuntos privados, nuestros deseos y su satisfacción se desarrollarían de una manera lógica. No veríamos a las familias pobres buscando educación académica antes de tener comida. No veríamos a las ciudades ganando población a costa de los distritos rurales, ni los distritos rurales a costa de las ciudades. No veríamos las decisiones legislativas causando grandes desplazamientos de capital, trabajo, y población.

Las fuentes de nuestra existencia se convierten en inciertas y precarias por estos desplazamientos creados por el estado. Y, además, estos actos cargan al gobierno con responsabilidades aumentadas.

Pero, desafortunadamente, la ley no se limita a sus funciones debidas. Y cuando ha excedido su debida función, no lo ha hecho sólo en algunos asuntos sin importancia y disputables. La ley se ha excedido más que esto; ha actuado en oposición directa a su propio propósito. La ley se ha usado para destruir su propio objetivo: Se ha aplicado para aniquilar la justicia que se supone que mantenga; para limitar y destruir los derechos que su propósito verdadero era respetar. La ley ha puesto la fuerza colectiva a la disposición de los malvados que desean, sin riesgo, explotar la persona, la libertad, y la propiedad de otros. Ha convertido el saqueo en un derecho, para proteger el saqueo. Y ha convertido la defensa legal en un crimen, para castigar la defensa legal.

¿Cómo se ha realizado esta perversión de la ley? ¿Y cuáles han sido los resultados?

La ley se ha pervertido por la influencia de dos causas completamente diferentes: la avaricia estúpida y la filantropía falsa. Hablemos de la primera.

La protección propia y el desarrollo propio son aspiraciones comunes entre todas las gentes. Y si todos gozaran del uso de sus facultades sin restricción y la disposición libre de los frutos de su labor, el progreso social sería sin parar, sin interrupción, y sin fallar.

Pero también hay otra tendencia que es común entre la gente. Cuando pueden, quieren vivir y prosperar a cuestas de otros. Esta no es una acusación imprudente. Ni proviene de un espíritu sin caridad ni sombrío.

Los anales de la historia son testigo de su veracidad: las guerras incesantes, las migraciones en masa, las persecuciones religiosas, la esclavitud universal, el fraude en el comercio, y los monopolios. Este anhelo fatal tiene su origen en la misma naturaleza del hombre—ese instinto primitivo, universal, e insuprimible que lo lanza a satisfacer sus deseos con el menor dolor posible.

El hombre puede vivir y satisfacer sus deseos sólo con trabajo incesante; con la aplicación incesante de sus facultades a los recursos naturales. Este proceso es el origen de la propiedad.

Pero también es cierto que un hombre puede vivir y satisfacer sus deseos apoderándose y consumiendo los productos de la labor de otros. Este proceso es el origen del saqueo.

Ahora, como el hombre tiene inclinación natural a eludir el dolor—y como el trabajo en sí mismo es dolor—se deduce que los hombres recurrirán al saqueo cuandoquiera que el saqueo sea más fácil que el trabajo. La historia demuestra esto bien claramente. Y bajo estas condiciones, ni la religión ni la moralidad lo pueden parar.

¿Cuándo, entonces, cesa el saqueo? Cesa cuando sea más doloroso y más peligroso que el trabajo.

Es evidente, entonces, que el propósito adecuado de la ley es usar el poder de su fuerza colectiva para detener ésta tendencia fatal a saquear en vez de trabajar. Todas las medidas de la ley deben proteger la propiedad y castigar el saqueo.

Pero, generalmente, la ley la hace un hombre o una clase de hombres. Y como la ley no puede operar sin la aprobación y el apoyo de una fuerza dominante, hay que entregar esta fuerza a los que hacen las leyes.

Este hecho, combinado con la tendencia fatal que existe en el corazón del hombre a satisfacer sus deseos con el menor esfuerzo posible, explica por qué se ha pervertido universalmente la ley. Entonces, es fácil entender cómo la ley, en vez de restringir la injusticia, se convierte en el arma invencible de la injusticia. Es fácil entender por qué el legislador usa la ley en variados grados para destruir entre las demás personas, su independencia individual con la esclavitud, su libertad con la opresión, y su propiedad con el saqueo. Esto se hace para el beneficio de la persona que hace la ley, y en proporción al poder que él tenga.

Los hombres se rebelan naturalmente contra la injusticia de la cual ellos sean víctimas. Entonces, cuando se organiza por ley el saqueo para el lucro de los que hacen la ley, todas las clases saqueadas de alguna manera tratan de entrar—por medios pacíficos o revolucionarios— en la confección de leyes. De acuerdo con su grado de ilustración, esas clases saqueadas pueden proponer uno de dos propósitos diferentes cuando intentan coger poder político: O quieren detener el saqueo legal, o quieren compartirlo.

¡Miserable de la nación si este último propósito prevalece entre las masas de las víctimas del saqueo legal, si ellas, a continuación, se apoderan del poder para hacer leyes!

Hasta ese momento, los pocos practicaban saqueo legal sobre los muchos, una práctica común, donde el derecho a participar en hacer la ley estaba limitado a unas pocas personas. Pero entonces, la participación en la confección de la ley se vuelve universal. Y entonces, los hombres tratan de equilibrar sus intereses conflictivos por medio del saqueo universal. En vez de extirpar las injusticias que se encuentran en la sociedad, ellos generalizan estas injusticias. En cuanto las clases saqueadas cogen poder político, establecen un sistema de represión contra otras clases. No revocan el saqueo legal. (Este objetivo necesitaría más iluminación que la que ellos poseen.) En vez de eso, ellos imitan a sus antecesores perversos al participar en este saqueo legal, aunque va en contra de sus propios intereses.

Es como si fuera necesario, antes que aparezca un reino de justicia, que todos sufran un cruel pago—unos por su maldad, y unos por su falta de entendimiento.

Es imposible introducir en la sociedad un cambio mayor y una maldad mayor que esta: convertir la ley en un instrumento de saqueo.

¿Cuáles son las consecuencias de tal perversión? Necesitaríamos volúmenes para describirlas todas. Así que nos contentaremos con señalar las más notables.

En primer lugar, borra de la conciencia de todo el mundo la distinción entre la justicia y la injusticia.

Ninguna sociedad puede existir a menos que las leyes se respeten hasta cierto grado. La manera más segura de hacer que se respeten las leyes es hacerlas respetables. Cuando la ley y la moralidad se contradicen, el ciudadano tiene la alternativa cruel de o perder su sentido moral o perder su respeto por la ley. Estos dos males tienen igual consecuencia, y sería difícil para una persona escoger entre ellos.

La naturaleza de la ley es mantener la justicia. Esto es tan así que, en las mentes de las personas, la ley y la justicia son una y la misma cosa. En todos nosotros hay una disposición fuerte a creer que cualquier cosa legal es también legítima. Esta creencia está tan diseminada que muchas personas han mantenido erróneamente que las cosas son “justas” porque la ley las hace justas. Entonces, para que el saqueo parezca justo y sagrado ante muchas conciencias, solamente es necesario que la ley lo mande y lo ratifique. La esclavitud, las restricciones, y el monopolio encuentran defensores no sólo entre los que se benefician con ellos sino también entre los que sufren por ellos.

Si usted sugiere una duda sobre la moralidad de estas instituciones, se le dice atrevidamente que “Usted es un innovador peligroso, un idealista, un especulativo, un subversivo; usted destrozaría el fundamento que mantiene a la sociedad.”

Si usted sermonea sobre la moralidad o sobre la ciencia política, habrán organizaciones oficiales que hagan petición al gobierno con ésta manera de pensar: “Que ya no se enseñe más la ciencia exclusivamente desde el punto de vista del comercio libre (de libertad, de propiedad, y de justicia) como se ha enseñado hasta ahora; sino también, en el futuro, la ciencia se enseñará ……
……………

Texto publicado por el Instituto Libertad de San José, República de Costa Rica.
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