Julián Marías en el pensamiento liberal Europeo

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Texto de Miguel Martínez Cuadrado, Catedrático de Derecho Constitucional de la U.C.M. Catedrático Europeo Jean Monet.

«En la parte III de la Ética, Spinoza expone una idea del ser como afán de perdurar infinitamente.” “Ser quiere decir para Spinoza querer ser siempre, tener apetito de eternidad o, al menos, de perduración.”
El problema del ser y el problema de la inmortalidad en Spinoza. Julián Marías, Historia de la Filosofía, Ed. 1999, p. 227.

“Julián Marías nos ha dado dos lecciones de un solo golpe: una de historia de la filosofía: otra, de sobriedad, de ascetismo, de escrupulosa sumisión a la tarea que se había propuesto, inspirada en una finalidad didáctica”
José Ortega y Gasset. Epílogo a Historia de la Filosofía de J. Marías

El 15 de diciembre de 2005, en un nuevo siglo sin acabar de salir del XX, se extinguía la vida de un hombre eminente por su trayectoria personal y por la consecuencia de sus trabajos intelectuales. Desde los años treinta hasta el final de sus días, el filósofo ha sido una referencia obligada en el pensamiento español y con una proyección singular en el horizonte de lo que seguimos llamamos la cultura occidental. Y esto ha sido así por la fuerza de la voluntad personal de quien supo unir a lo largo de toda una dilatada vida los valores de su principal maestro, Ortega y Gasset, esto es circunstancia y vocación, vida personal y vida social. La obra de Marías no se circunscribe al pensamiento filosófico y a completar el sistema de filosofía querido por Ortega, el sistema de la razón vital. Sobre la base fundamentalísima de la filosofía como saber y conocimiento de la realidad en sus muchas manifestaciones, Marías cultivó el análisis histórico y las teorías sociológicas y supo adentrarse como pocos supieron hacerlo en la presentación y amplia divulgación de sus varios saberes a un amplio sector de opinión pública a través del libro, la conferencia magistral, los seminarios plurales y los artículos regulares en la prensa.

A medida que se conoce mejor la obra de Marías, que hasta muy al final no desveló alguna de sus acciones vitales y políticas o determinadas opciones circunstanciales, el respeto por su obra se acrecienta en los análisis que se hicieron tanto en vida como en el epílogo de su muerte. Quienes fueron adversarios o quienes admiraron y siguieron sus obras coincidieron en el póstumo homenaje saludando a un hombre ejemplar en la vida intelectual y en la acción pública como ciudadano de excepción. Probablemente su obra de conjunto es una de las más impresionantes que nos lega el siglo XX en la sociedad española, acostumbrada a ciclos y contratiempos de toda especie y a personalidades variables y contradictorias. El caso de Julián Marías es sorprendente por cuanto a lo largo de noventa años le tocó vivir cincuenta bajo dictaduras y guerras civiles y europeas, y sólo el último tramo de treinta años en un período de normalización que respetó sus ideas liberales y democráticas, afirmadas como fuente nutricia de toda su existencia.

Entre los testimonios que se han realizado, el autor de las presentes notas quiere dejar constancia de su propia visión de la figura de Julián Marías, quien le dispensó aparte de una muy cordial amistad numerosas muestras de comunidad de acción en las ideas del pensamiento liberal-democrático y en empresas intelectuales y políticas en las que ambos participamos durante varias décadas de la segunda mitad del siglo XX y el primer lustro del XXI.

Cronología generacional sobre un pensador de la razón vital. El tema de las generaciones en la historia es una cuestión que las ciencias sociales han tomado en cuenta a partir de las lecturas censales y de la configuración de la demografía como ciencia social autónoma y de especificidad socio-matemática.
Los filósofos historicistas y el núcleo reflexivo que se hace a partir de las revoluciones liberales atlánticas de fines del setecientos y comienzo del ochocientos (americana, francesa, iberoamericanas) toman en consideración los ciclos y cortes más o menos radicales que protagonizan o antagonizan autores y dirigentes de las primeras a las ultimas revoluciones políticas, literarias o de otro orden social.

Dilthey, Husserl, Durkheim, Bergson, Weber y Ortega retoman la importancia de los cortes generacionales de la demografía y lo trasladan al campo de los sistemas filosófico o sociológico. Los demógrafos utilizan el ciclo de treinta años como referente básico para marcar la coexistencia de tres o cuatro generaciones de diferente tramo de edad en un punto histórico. Ortega consideraba el período de quince en quince años como cambio sustancial y lo aplicó en numerosos casos para la historia y las ciencias sociales ante fenómenos históricos concretos. Es evidente que los ciclos generacionales orteguianos tienen su importancia y en el análisis de personalidades de alcance excepcional la coetaneidad es un signo básico. Sin embargo, las generaciones según el método dominante entre los demógrafos abarca un período de mayor extensión y por tanto penetra con mayor entidad en fenómenos intra y extra aplicables al conocimiento e interrelaciones de tales fechas coincidentes.

Considerando la vida y la circunstancia de Julián Marías, pueden verificarse tres grandes ciclos vitales de treinta años cada uno que coinciden con el nacimiento en el momento de la Gran guerra y el final de la Segunda, período de formación y repercusión personal de acontecimientos excepcionales como las guerras mundiales, la segunda república española, la guerra civil y la triste posguerra bajo un régimen autoritario que se perpetuaría durante el segundo tramo de tres decenios de la propia vida de Marías.

Bajo el período 1944-1974 transcurren hechos diferenciales en la vida intelectual y personal que le hacen imprescindible en acciones y comunicación social para llevar al pensamiento liberal hispánico un aura de esperanza y reconciliación en el futuro. Mientras, el régimen autoritario hispano atraviesa por fases como la autarquía, la apertura económica a la economía occidental, el crecimiento económico sobre bases de cambio social, éxodo rural, emigración masiva y apertura progresiva a la sociedad de consumo, sin libertades y bajo controles sociales rigurosos de orden ideológico o de normas de conducta contrarios a la libertad esencial de la condición humana existente en los países liberados del yugo totalitario.

El tramo 1974-2005, representaría para Julián Marías el período de máxima influencia en el retorno a la vida democrática, a la culminación y victoria de sus ideas en el campo institucional de la vida española. Su temperamento y preparación como filósofo, sociólogo, comunicador y hombre de acción por la influencia en el pensamiento de los dirigentes políticos y sociales, le llevan a la cúspide de los discursos de la concordia entre españoles y finalmente, como senador constituyente, al tejido de la gran transacción del consenso constitucional de 1978. Su constante preocupación por el devenir libre y democrático de la sociedad española y de otras sociedades de estirpe ibérica, su entronque esencial con el pensamiento europeo del mismo linaje liberal, le llamaron a estar presente en numerosas empresas de estímulo e impulso de la acción liberal en la Universidad, a la que es convocado finalmente como catedrático cuando durante las décadas anteriores se le había negado el acceso. Rehacer lo emprendido por Ortega desde comienzos del siglo XX tanto en Revista de Occidente, el Instituto de Humanidades o la vida colectiva en todos los campos del saber, impregnan el raciovitalismo de Marías y le convierten, a pesar de su sentido colectivo, en la figura estelar de la Escuela de Madrid a la que sigue un reconocimiento prácticamente universal por todas las escuelas y centros del saber europeos y americanos.

Notas sobre el pensamiento liberal y la posición central de la Escuela de Madrid en la construcción de Europa. Aunque la obra de Julián Marías sigue la orientación orteguiana de cimentar un sistema de filosofía basado en el raciovitalismo y que constituye desde el Siglo de Oro de la Escolástica hispana (desde Suárez como ultima personalidad a comienzos del XVII) la aportación más destacada en el campo de la filosofía, sin perjuicio de otras tentativas como las de Sanz del Río y Giner en el traslado de la filosofía de la construcción de una armonía social desde la reforma en la educación colectiva, será precisamente en el campo de las ideas donde será mas destacado el impulso de Ortega y Marías a la defensa, mantenimiento o reconstrucción de la libertad y del liberalismo como núcleos esenciales de la organización de la sociedad y de la vida humana. Aunque también como elementos fundamentales para la convivencia y la defensa ciudadana a través de regímenes políticos democráticos.

El comienzo del siglo XX desemboca en la Gran Guerra civil entre europeos y en la división entre campos que consideran poco menos que el fin de los regímenes basados en el parlamentarismo y en la democracia parlamentaria. Guerra entre europeos que sólo se cerrará cuando en la ultima década se consolida el fin de los regímenes totalitarios que habían nacido precisamente en el fragor de las batallas y crueldades sin límite de los enfrentamientos ideológicos y que sólo el fin de la II guerra mundial anunciaba, aunque la guerra fría continuase la confrontación hasta el desenlace de 1991.

Las ideas del liberalismo y de la democracia, transformadas adecuadamente, resistieron las embestidas de los totalitarismos, pero el precio fue enorme en guerras civiles como la española de 1936-39, o la dominación prácticamente generalizada de los regímenes contrarios a la libertad en la Europa continental hasta las liberaciones de 1944 a 1945, o en la península ibérica hasta 1974-1975.

Restaurar la libertad, las libertades, la democracia parlamentaria, no fue tarea fácil cuando se impusieron en las instituciones, universidades y en la comunicación los falsos diálogos de las utopías pseudo-revolucionarias. Filosofía, Historia, Sociología, Literatura, Artes aplicadas, sirvieron de campo de resistencia durante gran parte del siglo XX frente a las amenazas reales de las ideologías extremistas. Fueron los países anglosajones los que resistieron con firmeza las avalanchas totalitarias y por ello sus ideólogos se han mantenido menos vulnerables que los continentales. Lógicamente, Bertrand Russell y los filósofos de las ciencias empíricas o de la orientación dominante hacia la epistemología científico-técnica, con su respeto a la libertad y la democracia como corolario de sus tradiciones políticas, supieron imponerse a la importancia indudable del pensamiento de la fenomenología, los valores o “Ser y tiempo” de Husserl, Scheler o Heidegger, que pudieron desembocar en opciones personales hacia el campo autoritario, como en el caso de Heidegger. No obstante la filosofía fundamental del existencialismo, la influencia de Bergson en Francia, Max Weber en Alemania y Ortega en España, mantuvieron su preferencia por el campo de las ideas liberales como centralidad del espacio ciudadano y de preeminencia de las democracias liberales sobre los regímenes totalitarios o autoritarios. El pensamiento liberal de Weber, Bergson y Ortega permitió la resistencia del período de entreguerras y la recuperación de la plenitud de las ideas demócrata-liberales en la restauración o recuperación progresiva de las libertades y gobiernos representativos en Europa occidental a partir de 1945.

Las experiencias tan difíciles frente a las dictaduras del pensamiento y de los partidos europeos, ante la violación permanente y el acoso a las libertades de los ciudadanos, permitió a los europeos superar los enfrentamientos que llevaron a la guerra civil entre las naciones y hacerlo sobre principios y valores de los derechos humanos, los regímenes de división de poderes y de gobiernos democráticos. Pero con un principio unitario y supranacional que culminó entre 1945 y 1948 en la más importante de las empresas de superación de los
particularismos nacionales que fue el Movimiento europeo que reúne a las tres grandes formaciones de ideas y de acción de partidos, liberales, cristiano-demócratas y social demócratas, con exclusión de totalitarios de todas las especies que configuran desde 1948 hasta el siglo XXI los dos pilares de la construcción unitaria de Europa. El Consejo de Europa, máximo Tribunal de defensa de los derechos fundamentales de los ciudadanos por encima de los Estados, y la Comunidad Económica-Unión Europea, que en la década de los noventa actuó de elemento unificador del Derecho comunitario y de los Valores y Principios que rigen la construcción comunitaria desde 1945.

Al Movimiento Europeo convocado como Estados generales europeos de 1948 en La Haya, se solicitó la presencia de Ortega, retenido en Lisboa, como uno de los más cualificados dirigentes del liberalismo europeo, junto a Madariaga que al lado de Churchill presidió los trabajos del Comité Cultural. Desde entonces los tres grandes grupos ideológicos forman lo esencial de los gobiernos europeos regidos por democracias parlamentarias que en 2006 agrupan ya a cuarenta y cinco Estados europeos.

Cuando se restaura la democracia en España, mediante la Ley para la Reforma Política de 1976 y las convocatorias de Cortes generales de 1977, fue Julián Marías, como el más significado de los dirigentes liberales, el que se pronunció sobre el sentido de formar un partido liberal unitario o considerar que las ideas liberales habían por fin penetrado en todos los demás partidos y que no sería necesario acudir a un propio partido como en otros países de tradición
democratico-liberal. Esta última consideración de Julián Marías permitió a los liberales insertarse en los grandes o pequeños partidos que concurrieron a las elecciones finalmente constituyentes de 1977.

Teoría y práctica del liberalismo mariasiano. En por los menos diez grandes acontecimientos desde el final de la guerra civil española de 1936-39, Marías ha intervenido para orientar o participar en la dirección liberal-demócrata determinados hechos de clara connotación política. Algunos discípulos y amigos conocen de primera mano su admiración y proximidad humana a Julián Besteiro, el dirigente socialista que presidió las Cortes constituyentes de la Segunda República y ofició los últimos intentos de digna pacificación con los vencedores de 1939.

Durante la década de los años cuarenta permaneció como exiliado interior y sufrió todo género de afrentas y exclusiones por los vencedores de la guerra civil, particularmente los contrarios a las ideas orteguianas y a las suyas propias. Sin embargo resistió con el trabajo de filósofo publicando lo mejor de aquellos oblicuos años, desde la «Historia de la Filosofía» en 1941 a la «Introducción a la Filosofía» en 1948. Devoto de Unamuno, a quien sigue en sus creencias religiosas vinculadas a la religión católica, sigue firmemente a Ortega desde su regreso a España a partir de 1945 y es su más fiel colaborador en el Instituto de Humanidades y en las ideas de libertad y democracia para España.

Muchos de sus adversarios, particularmente del Grupo Escorial, liderado por Dionisio Ridruejo y Laín Entralgo, intentan una aproximación intelectual al grupo orteguiano y al propio Marías. Marías cultiva sin embargo el campo propio y en él se integran muchos de sus compañeros de la República, como Fernando Chueca, y un nutrido grupo de viejos liberales de la Institución Libre de Enseñanza. Países americanos, europeos y especialmente Estados Unidos, a través de Universidades de prestigio, le brindan cobertura. Las fundaciones americanas más importantes se prestan a colaborar con intelectuales europeos como Aron, Berlin o Marías, muy próximos en el pensamiento político aunque diferenciados en creencias religiosas.

La muerte de Ortega en 1955 convierte a Julián Marías en algo más que el líder virtual del pensamiento orteguiano y del campo de la filosofía del raciovitalismo. Se hace cargo del Instituto de Humanidades y en el mismo consigue la integración de varias generaciones de investigadores y profesores, alentados desde diversas actitudes ideológicas. Marías mostró una vez más su talante de altísima tolerancia. Por la Casa de las Siete Chimeneas, propiedad del Banco Urquijo de los años sesenta y setenta, pasaron numerosos invitados y las sesiones de los martes, presididas por Marías, fueron un campo de Agramante de las preocupaciones por la construcción del futuro y por la reconstrucción de los escenarios de una España posible que pasaba por una visión necesaria y crítica de los siglos XVIII al XX. Científicos sociales europeos
y americanos pasaban regularmente por el Instituto de Humanidades y muchas publicaciones fueron precisamente discutidas y presentadas en aquel encuentro caluroso de tres generaciones y numerosos campos del saber de las ciencias sociales, no sólo de la filosofía, sino de la ciencia política, la medicina, la sociología, las artes y las letras.

El legado perdurable. La Escuela de Madrid. A la altura de un nuevo siglo cabe situar a la Escuela fundada por Ortega entre 1914, Liga de Educación política, y 1924, Revista de Occidente, como la escuela de pensamiento demócrata-liberal más comprometida de España en la reconstrucción de los valores y principios en que se basa la construcción europea concebida como consecuencia de los desastres de la primera guerra y las frustraciones que condujeron a la segunda. Le cupo a Julián Marías mantenerse fiel al mejor pensamiento orteguiano y tomar la antorcha de la dirección posterior a partir de los años cincuenta. Durante otras cinco décadas supo estar a la altura y dejar un legado perdurable en el pensamiento y en la acción comunicativa que supo imprimir a una tradición difícil y por la que siempre fue necesario luchar frente a tantos adversarios y enervamientos del propio camino elegido. Ciertamente eligió el mejor de los senderos de la vida pública al servicio de su país y de sus ideales. Merece desde luego un lugar perdurable en nuestro pensamiento y en el panteón de hombres ilustres que jalonan la historia española y europea.

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